domingo, 18 de diciembre de 2011

Influencia al Dieselpunk – La ficción Pulp

Creo que es un momento genial para repasar una de las influencias de las que bebe el dieselpunk y de paso acercar este gran desconocido a todos aquellos que aún no han tenido el placer de descubrirlo, estoy hablando del pulp, esa amalgama de pésimos relatos serializados que empapaban las baratas revistas, bautizadas con ese nombre, desde 1920 a 1940, justo ese periodo que se suele atribuir al dieselpunk, lo cual no es mera coincidencia.
  
Genial, pero vamos, explícanos, ¿Qué es eso del pulp?

Como contaba, pequeño Curtis, el pulp, más que un género de ficción, como se suele pensar erróneamente, es un medio, una estética en sí mismo, creado por aquellos autores que inundaban esas baratas revistas impresas con el desecho de la pulpa de madera (de ahí viene el término “pulp”) con todo tipo de historias a la cual más alucinante, sorprendente, y que no les importaba explorar géneros como la aventura, la ciencia ficción, el suspense, el romanticismo, el misterio, la acción, la fantasía o incluso el erotismo…

Vaya, vaya, ¿Así que esas revistas eran picantonas?

Bueno, esto… había de todo, el público era muy amplio, ávido de nuevas historias que les permitiera escaparse de la rutina de sus grises vidas, Curtis; piensa que las revistas pulp son las herederas de los folletines y las dime novels (novelas de diez centavos) tan habituales en el siglo XIX, pero a diferencia de estas, los relatos pulp iban dirigidos a un público menos exigente en cuanto calidad, un público nacido gracias a la alfabetización de principios del siglo XX.

Hablas de que las revistas pulp tocaban muchos géneros, pero algo tendrían que tener en común para ser todas pulp ¿No?

Claro que sí, ya he contado que todas las revistas pulp se imprimían en ese papel amarillento y astroso tan reconocible para abaratar su precio y acercarlas a un público más amplio, a diferencia de sus hermanas elitistas conocidas como "slicks", las cuales eran de mayor calidad, tanto en su papel, como en su narrativa, pero no acababan ahí las similitudes entre ellas.

Para empezar, lo que más llamaba la atención al tener una de estas revistas en las manos era su portada, explicita, directa, agresiva y muy sugestiva para captar al posible lector, que dependiendo del tema escogido, esta podía presentar desde una horrible criatura a un grupo de gánsteres, pasando por variopintos alienígenas, solitarios vaqueros o intrépidos soldados, aunque si algo abundaba en estas portadas era la imagen femenina.

Portada de 1935 de la revista Weird Tales ilustrada por Margaret Brundage.

Las desdichadas protagonistas de estas portadas eran representadas en las más atroces situaciones, los secuestros estaban al orden del día, las torturas insufribles eran comunes y el escaso vestuario era casi un requisito obligado, un reclamo indispensable para el lector masculino, aunque también hubo muchas mujeres que leían este tipo de revistas, que incluso escribían los relatos que atiborraban las amarillentas páginas de estas, o como en el caso de Margaret Brundage, ilustraban las grotescas portadas de las revistas pulp. Espero que en otra ocasión tenga algo más de tiempo para repasar estas portadas y compartirlas con todos vosotros.

Otro de los puntos comunes de la ficción pulp era la narración, simple, directa, funcional y en la mayoría de los casos grotesca y obscena. Para este tipo de revistas, la trama era muchísimo más importante que el dialogo o el personaje mismo, los cuales siempre se asentaban en arquetipos manidos, como el héroe o la dama en apuros, y buscaba, al igual que las portadas e ilustraciones que acompañaban al relato, impresionar al lector trasportarlo a un mundo imposible donde el único límite fuera su imaginación. Obviamente, la calidad de estos relatos, o el estilo de sus autores, era cuanto menos pésimo, no porque los escritores fueran malos, sino porque la misma industria, la cual pagaba por palabra, premiaba antes la cantidad que la calidad, una cantidad que exigía un público que devoraba este tipo de relatos, en el más sangrante de los casos, semanalmente, por lo que los escritores se veían obligados a escribir con prisa y olvidarse de su narrativa.

Eso suena terrible.

Ciertamente, Curtis, pero eso no quita que aquellos autores de revistas pulp estuvieran a disgusto con su trabajo, es más, muchos de ellos lo adoraban, lo eligieron como vehículo para acercar su imaginativo trabajo al público, pocos eran los autores fracasados que se embarcaban en esta experiencia con la única búsqueda de la recompensa económica, aunque eso no significara que fuera un trabajo bien pagado. Durante el periodo de las revistas pulp, cientos de compulsivos autores, muchos de ellos ocultos por pseudónimos, trabajaban para alimentar a un público hambriento de historias, algunos han conseguido salir de ese anonimato y obtener esa fama negada, algunas veces en su tiempo, como Clark Ashton Smith, Robert E. Howard, E. R. Burroughs o H.P. Lovecraft, pero muchos otros continúan en el más terrible de los olvidos hoy en día. 

Startling Stories, una de las pocas revistas que vieron la luz en la decada de 1950.

Pero… ¿Qué paso con las revistas pulp?

Hay algo de controversia en este aspecto, pero en general, la Segunda Guerra Mundial acabo con estas, la gente no deseaba seguir leyendo este tipo de historias, es más, incluso no se tenía el dinero para comprarlas, a pesar de lo barato de estas revistas, aun así, los pulps se mantuvieron a flote durante este periodo gracias a historias bélicas, de grandes e inspiradores soldados patriotas, sin despreciar al resto de géneros que nunca habían olvidado el público.

Tras la guerra, el llamado culto del ama de casa, el puritanismo, censuro estas historias y empezó a verlas con malos ojos, en especial aquellas más sugerentes, poco a poco las revistas fueron cayendo unas tras otras como piezas de un domino mal colocadas, hasta finalmente causar casi su total desaparición de los quioscos de prensa.

A pesar de que en los primeros años de 1950 florecieron una vez más estas revistas, no tardaron en caer de nuevo, aquellas que habían nacido y esas otras que aún se resistían a morir, a manos del cristal. Los escritores abandonaron las páginas impresas a favor de nuevos campos en el cine y la televisión relegando al pulp a la nostalgia de unos pocos inconformistas.


Bien, ahora más o menos lo entiendo, aunque… ¿Cómo influye esto del pulp al dieselpunk?

Esa es una pregunta especialmente complicada que necesita más de un par de líneas para ser explicada, pero intentare hacer un rápido resumen con la esperanza de, no muy tarde, poder dedicar un artículo en condiciones a esta cuestión, pequeño Curtis.
Ghosts of Manhattan, una novela dieselpunk, fiel heredera del pulp.

El dieselpunk mira con añoranza y fascinación al pulp e intenta, en la medida de lo posible, seguir su estela, lo cual es una tarea imposible, ya que el pulp fue un movimiento que tan solo se puede comprender en los años en los que sucedió e irrepetible hoy en día. El dieselpunk, por tanto, recicla la ficción pulp, todas esas historias imposibles y a la vez sorprendentes, e intenta con ello crear a su vez algo nuevo, diferente, nuestro… sobre los alabados cimientos del pulp, como un homenaje retrofuturista desde nuestros días.

A diferencia del pulp, las historias dieselpunk no van dirigidas a un público amplio, sino tan solo a un grupo reducido de nostálgicos ya que en general se sienten antiguas, desfasadas; tampoco recrean fielmente este tipo de historias, no hay prisa a la hora de escribirlas, se ven influenciadas por la moderna narrativa e intentan siempre deshacerse de esa ingenuidad que respiraba el pulp, de la simplicidad en sus argumentos. En escasas palabras, el dieselpunk aspira a convertirse en pulp, solo que es demasiado actual para poder serlo.

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